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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un equipo técnico, dirigido por Andrés Fernández, inicia esta semana los trabajos de exhumación en una fosa de Villanueva de Cauche

Vista del cementerio y del monolito junto al lugar perimetrado en el que podrían
encontrarse las 8 víctimas de Casabermeja. A. F.
 
 
Laopinióndemalaga.es 2/9/12 Lucas Martín
Apenas siete kilómetros, pero gobernados, durante décadas, por pensamientos negros. El trayecto que separa a Casabermeja de la pedanía antequerana de Villanueva de Cauche, un antiguo marquesado que en los noventa sirvió de escenario a un anuncio de champú, tiene una densidad especial para ocho familias, que, desde el verano 1937, aguardan pacientemente la apertura de una tumba anónima. En realidad, todo el pueblo espera, quizá por la lentitud en la autorización de los trabajos, que tropezaron primero con el silencio y la intransigencia del régimen y después, ya con la Ley de Memoria Histórica aprobada, con las restricciones económicas de la administración.
 
Esta semana, casi a la heroica, mientras el mundo financiero se derrumba, se empezará a descorrer un velo levantado a tiros, hace ya tres cuartos de siglo. El equipo de Andrés Fernández, el arqueólogo responsable de las excavaciones de San Rafael, en Málaga, Alfarnatejo y Teba, ha aceptado hacerse cargo de la exhumación y, además, de manera gratuita, aunque los familiares y promotores están empeñados en recompensarle. Serán alrededor de quince días batallando contra la tierra, en el pequeño cementerio construido por los campesinos que trabajaban para el marquesado. El objetivo es recuperar los restos de los ocho vecinos de Casabermeja que fueron acribillados pocos meses después de la entrada del ejército nacional.
 
Allí, al lado del lugar en el que supuestamente se emplaza la fosa, se distingue un monolito con los nombres de las víctimas. La placa reza: «En memoria de los que aquí cayeron en defensa de la libertad». La inscripción, de 1984, es una auténtica rareza. Pocos enterramientos de la represión en la provincia, y más aún sin exhumar, disponen de un recordatorio tan detallado. Es una muestra más del celo de los vecinos.

Desde los años ochenta, el proyecto, promovido por las familias y por Melania Pico y Juan Sánchez, de la agrupación local del PCE, ha ido superando obstáculos hasta llegar a un momento decisivo, con el apoyo y el esfuerzo del Ayuntamiento de Casabermeja y de la Asociación de Memoria Histórica de Antequera y comarca. La aportación del equipo de Andrés Fernández ha sido, de nuevo, decisiva. «En dos semanas, si todo sale bien, podremos recuperar los cuerpos», señala.
 
Sin financiación
La culminación resulta la última línea de un texto especialmente trabado, a pesar de los avances legislativos y la proyección de trabajos cercanos como los de San Rafael. Precisamente, en la investigación de los crímenes de este camposanto, el historiador Francisco Espinosa localizó parte de la documentación militar referente a los fusilamientos de Cauche. Una pieza que ayudaba a reconstruir la noche salvaje del 23 de junio de 1937, en la que murieron las ocho víctimas en mitad de un aguacero. En 2010, la exhumación dio un nuevo paso adelante con la aprobación de sendas mociones de apoyo en Antequera y Casabermeja, pero se estrelló con la falta de financiación.
 
La Junta de Andalucía, en plena campaña de reducción de presupuesto, denegó la ayuda económica cursada por los investigadores. El rechazo no arredró a los vecinos de Casabermeja, que, a través de Pico, Sánchez y el PCE, han logrado reclutar alrededor de 3.700 euros procedentes de donaciones particulares, comidas benéficos, e, incluso, venta de camisetas. Con ese dinero pretenden pagar al equipo técnico, que también contará con voluntarios, la mayoría procedentes de la Universidad de Málaga.
 
Localizar la fosa
La localización de la fosa se presume menos complicada que en casos anteriores. Los arqueólogos dudan entre dos puntos del cementerio situados a escasa distancia. Las primeras pesquisas fueron recabadas entre los testigos; vecinos, casi todos, de la pedanía de Cauche, que eran apenas niños en los días de la tragedia. Junto a los ocho de Casabermeja (José Aguilar Cabrera, Andrés Alcoholado Garrido, Juan Fernández Domínguez, José Galán García, José García Alcoholado, Francisco González Fernández, Juan Martín de la Rubia y Tomás Ruiz Cuesta), Andrés Fernández tiene constancia de varias personas de Periana, que fueron supuestamente asesinados en el mismo punto y casi a la misma hora, aunque esto todavía está en fase de comprobación.
 
Las víctimas de Casabermeja, y eso sí que es una certeza, recorrieron los siete kilómetros en el fondo de un camión. Habían sido condenados en mayo, por el mismo delito vago que aparece en cientos de archivos de la guerra, el de rebelión militar. Muchos de ellos lo más cerca que habían visto a un rojo era a algún amigo del pueblo. Otros pertenecían a agrupaciones políticas o sindicales. Campesinos, en suma, con edades comprendidas entre los 20 años de Tomás Ruiz y José García Alcoholado y los 64 de Francisco González Fernández, apodado El Corro. Únicamente los niños de entonces, quizá en silencio y tras las cortinas, oyeron el ruido de los neumáticos bajo la lluvia.
 
Juan Sánchez rescata de los testimonios un pasaje monstruoso. El cementerio convertido en una balsa de sangre; la vida de las víctimas mezclada con el agua y la tierra. La intuición de los investigadores es que los cuerpos cayeron arbitrariamente a la fosa. Los familiares, desde entonces, piden el regreso al camposanto cercano, al de Casabermeja, donde el Ayuntamiento se ha comprometido a reservar un lugar. Los descendientes de las ocho víctimas quieren que sean inhumados en un espacio digno y reconocible, aunque todos juntos, en muestra de la unión, de la solidaridad.
 
Después de 75 años, están a punto de conseguirlo. Y con apoyos llegados de otras provincias. Entre ellos, el de Amador Ruz, hijo de un hombre fusilado en 1951 en Santa Cruz del Comercio, Granada, cuyos restos fueron recuperados por Andrés Fernández después de un ofrecimiento gratuito. En agradecimiento, Ruz fundó la Asociación Ayuda a la Memoria Histórica, que cuenta, como primeros fondos, con parte de la donación que hizo al equipo técnico. «Quiere que la asociación y ese dinero sirva para ayudar a personas que quieran recuperar los restos de sus familiares y carezcan de recursos», señala el arqueólogo.
 
Actuación en la provincia
Con la de Villanueva de Cauche serán ya cinco las exhumaciones de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo –en el caso de Alfarnatejo, con personas de ambos bandos– completadas en el último lustro en la provincia. La más importante, por la cantidad de víctimas, fue la de San Rafael, comandada por Andrés Fernández, Sebastián Fernández y Francisco Espinosa, de la Asociación contra el Silencio y el Olvido por la Memoria Histórica. Se trata, en conjunto, de casi tres mil personas. En algunos casos se han iniciado las pruebas de ADN para identificar de manera fidedigna cada uno de los restos. Un trabajo modélico, ajeno a polémica.

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